jueves, 5 de mayo de 2011

El Directivo del presente, del GERENTE-CAPATAZ al DIRECTIVO-COACH.

En estos momentos de cambio y de incertidumbre, las organizaciones deberían apostar por un estilo de dirección radicalmente distinto al actual. ¿No ha llegado ya el momento de que las organizaciones adapten su cultura organizativa?
Vivimos una época en la que lo único que permanece constante son los CAMBIOS. Hemos pasado de la era industrial a la era del conocimiento,  estamos en proceso de adaptación de las organizaciones y de sus estilos de liderar.
En los comienzos de la era industrial, las necesidades del momento y las carencias técnicas del empleado requerían un tipo de directivo con un estilo de trabajo “de ordeno y mando”, de supervisión  y de riguroso control, lo que se podría denominar como un GERENTE-CAPATAZ, necesario en un entorno laboral diferente al actual. Se trata al fin y al cabo, de dar carpetazo a la Organización Científica del Trabajo y la cadena de montaje de Ford  y, dar entrada en las organizaciones empresariales a algo tan fundamental e importante como la gestión del talento, las emociones y las potencialidades de todos los miembros.
En la actualidad, los Directivos se enfrentan a una situación diferente, en la que en la mayoría de las ocasiones, los empleados tienen un mayor know-how que su Jefe en determinadas  áreas. Por este motivo, no es necesario un sistema de control exhaustivo, sino establecer unas reglas del juego diferentes,  basadas en la confianza mutua, y en la capacidad de delegar.
La transformación de un GERENTE-CAPATAZ en un DIRECTIVO-COACH  requiere la aplicación efectiva  de un nuevo estilo de DIRIGIR/LIDERAR basado en unas habilidades diferentes,  no se trata solamente de una función adicional a las ya inherentes al cargo del directivo.
Estas nuevas reglas del juego requieren abandonar las modalidades de supervisión y control y, adoptar relaciones basadas en la autonomía de los empleados y en la confianza mutua. El directivo-coach no es compatible con el perfil autoritario y distante del directivo tradicional; es capaz de generar en su equipo un nivel de compromiso, de entrega y de apertura superior a lo que se  podría conseguir con un estilo autoritario. El gerente-capataz esconde sus incompetencias y errores y utiliza su cargo para exhibir su autoridad y sus diferencias con los demás, frente a ello, el directivo-coach es capaz de reconocer ante su gente lo que no sabe, de corregir públicamente sus equivocaciones  y de  pedir retroalimentación para detectar propias carencias.
Solamente un directivo así será capaz de liderar las organizaciones del presente.

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