El día que aprendí a mirar a mi "yo imperfecto” con mayor liviandad, me di cuenta del tiempo que había malgastado intentando buscar continuamente la perfección.
No quiero decir que no tengamos que tener ambición para luchar por ser mejores cada día, lo que quiero decir es que muchas veces, somos tan exigentes con nosotros mismos que nos olvidamos de disfrutar de la vida.
Es como si hubiese pasado media vida corriendo la carrera de otro, intentando ser el mejor en todo lo que hacía, buscando constantemente algo que no sabía lo que era, pero que me mantenía en una actitud de permanente insatisfacción.
¿Por qué somos tan exigentes con nosotros mismos? Podemos ser flexibles con los demás, somos capaces de permitir errores en los otros, y sin embargo no somos capaces de rebajar los estándares de exigencia en nosotros mismos.
La delgada línea roja está justo en la frontera de lo que te hace feliz.
Persigue tus sueños, pero disfruta del trayecto, ahí es donde se encuentra la verdadera esencia.
ACEPTACION!!!!, que gran virtud...
ResponderEliminarPobre del insensato que preocupado únicamente de la meta no disfruta del trayecto, pues se dará cuenta al final, de que la única meta cierta, la muerte, no le ha permitido disfrutar del camino, que es la vida.
ResponderEliminarJesús
ResponderEliminarEs el mal de nuestros tiempos...
Tarda un tiempo esto de darse cuenta que no existe la VIDA, sino las vidas..
Un saludo