miércoles, 28 de diciembre de 2011

“Por qué Coaching Ontológico”

”Y tu ¿cuánto contribuyes al crecimiento de otras personas u organizaciones?  
El coaching está íntimamente relacionado con el cambio. El motivo por el que una persona o  una organización  quieren cambiar es porque sueñan con algo mejor. El coaching es un vehículo perfecto para convertir sueños en realidad. El crecimiento se logra a través de aquellos cambios que nos ayudan a conseguir  nuestros objetivos y a que estos perduren en el tiempo.
Según Rafael Echeverría, podemos definir el  Coaching Ontológico, como un proceso de aprendizaje basado en la conversación. Es un proceso que parte de la base que para conseguir cambios efectivos hay  que transformar  el tipo de  observador que somos  y por extensión transformar nuestra forma de actuar.  Esto nos indica que es un proceso que compromete la  forma de ser de la persona.
Este es el motivo por el que el Coaching Ontológico es tan potente, porque los cambios se pueden llevar a cabo a través de múltiples vías y con distintos grados de profundidad, y la mayor profundidad se adquiere transformando  la forma de ser de la persona, sea esta física o jurídica.
Este proceso de aprendizaje es fundamentalmente un proceso conversacional. El coach utiliza la conversación como ingrediente fundamental para acompañar al coachee en ese viaje particular motivado por el deseo de cambiar, hacia un objetivo o meta concretos.
El coach es un profesional  que crea condiciones para el desarrollo de las personas. Tiene la misión de desarrollar y aprovechar el potencial de su coachee. Los mejores líderes no dan respuestas, sino que hacen preguntas para que sus seguidores encuentren las respuestas. Un coach es un luchador por la libertad, un mago del cambio.
La razón de ser del trabajo de un coach podría plantearse de la siguiente forma; ¿cuánto contribuyo al crecimiento de otras personas u organizaciones?

miércoles, 8 de junio de 2011

Nuestros sueños


Desafíate a concretar tus sueños. Te convoco a que luches por tus sueños. Afronta el desafío. ¿A qué le temes? ¿Al ridículo? ¿Al cambio? ¿A lo nuevo? Que el miedo no te inmovilice. Anímate a salir de tu confortable incomodidad. Hay algo mejor que este estado de tranquila desesperación. Imagina qué quieres ser. Traza un plan. Ponle fecha. Fija las metas y etapas. No olvides que el éxito es para los que luchan, minuto a minuto, día a día, año a año. No se requiere ser muy inteligente. Busca, investiga y manos a la obra. Y jamás olvides que un sueño sin acción es una ilusión.

PD: Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible y de pronto te encontrarás haciendo lo imposible.

Daisaku Ikeda

jueves, 5 de mayo de 2011

El Directivo del presente, del GERENTE-CAPATAZ al DIRECTIVO-COACH.

En estos momentos de cambio y de incertidumbre, las organizaciones deberían apostar por un estilo de dirección radicalmente distinto al actual. ¿No ha llegado ya el momento de que las organizaciones adapten su cultura organizativa?
Vivimos una época en la que lo único que permanece constante son los CAMBIOS. Hemos pasado de la era industrial a la era del conocimiento,  estamos en proceso de adaptación de las organizaciones y de sus estilos de liderar.
En los comienzos de la era industrial, las necesidades del momento y las carencias técnicas del empleado requerían un tipo de directivo con un estilo de trabajo “de ordeno y mando”, de supervisión  y de riguroso control, lo que se podría denominar como un GERENTE-CAPATAZ, necesario en un entorno laboral diferente al actual. Se trata al fin y al cabo, de dar carpetazo a la Organización Científica del Trabajo y la cadena de montaje de Ford  y, dar entrada en las organizaciones empresariales a algo tan fundamental e importante como la gestión del talento, las emociones y las potencialidades de todos los miembros.
En la actualidad, los Directivos se enfrentan a una situación diferente, en la que en la mayoría de las ocasiones, los empleados tienen un mayor know-how que su Jefe en determinadas  áreas. Por este motivo, no es necesario un sistema de control exhaustivo, sino establecer unas reglas del juego diferentes,  basadas en la confianza mutua, y en la capacidad de delegar.
La transformación de un GERENTE-CAPATAZ en un DIRECTIVO-COACH  requiere la aplicación efectiva  de un nuevo estilo de DIRIGIR/LIDERAR basado en unas habilidades diferentes,  no se trata solamente de una función adicional a las ya inherentes al cargo del directivo.
Estas nuevas reglas del juego requieren abandonar las modalidades de supervisión y control y, adoptar relaciones basadas en la autonomía de los empleados y en la confianza mutua. El directivo-coach no es compatible con el perfil autoritario y distante del directivo tradicional; es capaz de generar en su equipo un nivel de compromiso, de entrega y de apertura superior a lo que se  podría conseguir con un estilo autoritario. El gerente-capataz esconde sus incompetencias y errores y utiliza su cargo para exhibir su autoridad y sus diferencias con los demás, frente a ello, el directivo-coach es capaz de reconocer ante su gente lo que no sabe, de corregir públicamente sus equivocaciones  y de  pedir retroalimentación para detectar propias carencias.
Solamente un directivo así será capaz de liderar las organizaciones del presente.

domingo, 6 de marzo de 2011

Disfruta de tu “yo imperfecto”

El día que aprendí a mirar a mi "yo imperfecto” con mayor liviandad, me di cuenta del tiempo que había malgastado intentando buscar continuamente la perfección.
No quiero decir que no tengamos que tener ambición para luchar por ser mejores cada día, lo que quiero decir es que muchas veces, somos tan exigentes con nosotros mismos que nos olvidamos de disfrutar de la vida.
Es como si  hubiese pasado media vida corriendo la carrera de otro, intentando ser el mejor en todo lo que hacía, buscando constantemente algo que no sabía  lo que era, pero que me mantenía en una actitud de  permanente insatisfacción.
¿Por qué somos tan exigentes con nosotros mismos?  Podemos ser flexibles con los demás, somos capaces de permitir errores en los otros, y sin embargo no somos capaces de rebajar los estándares de exigencia en nosotros mismos.
La delgada línea roja está justo en la frontera de lo que te hace feliz.
Persigue tus sueños, pero disfruta del trayecto, ahí es donde se encuentra la verdadera esencia.